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Se agradece comer en la sala

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Se agradece comer en la sala

El cine y la cocina en el fondo son muy parecidos: ambos tienen el propósito de dar placer a quien los consume.
La primera película en la que apareció comida fue Dando de comer al bebé de los hermanos Lumiere filmada en el año 1895, pieza en la que vemos a Auguste Lumiere y a su esposa dando de comer a su hijo. Pero esta pequeña viñeta de poco más de un minuto tiene la comida tan solo como un elemento más de la puesta en escena. Más adelante el cine se daría cuenta de que la comida y el arte de cocinar podían ser explotados debido a la muy íntima y especial relación que los seres humanos establecemos con la comida.
La cocina de nuestras madres, de nuestra región, de nuestro país son elementos que conforman nuestra identidad y que por lo tanto tienen la capacidad de despertar en nosotros fuertes emociones relacionadas con esos platos. Todo aquel que ha vivido fuera sabe lo que significa comerse una hallaca lejos de Venezuela. Es como transportarse por un momento a la mesa de tu casa en la noche de Navidad. Tal vez la escena que mejor ha expresado esto es la de la película de Disney-Pixar Ratatouille (Brad Bird, 2007) en la que Antón Ego, el crítico más famoso y temido por los chef de todo París, reta a Linguini (sin saber que quien cocina es en realidad la rata Remy) a que le cocine su mejor creación. Este hace un Ratatouille (en realidad es una variación llamada Confit Byaldi), un plato campestre lejos de la alta cocina, y cuando Ego lo prueba es inmediatamente transportado a su infancia en la campiña sentado a la mesa mientras su madre le sirve el ratatouille hasta el punto de llevarlo a las lágrimas.
Pasión es en el fondo lo que une ambas disciplinas. La pasión que sienten tanto cineastas como cocineros por su profesión. En la película No Reservations (Scott Hicks, 2007), un remake de una comedia alemana del año 2001, podemos ver esa pasión claramente en el caso de una cocinera profesional, la Chef Kate, quien lleva su cocina con mano de hierro y es temida por todos. Aquí vemos la cocina de un restaurante, y al igual que en los sets de filmación que son regentados por regímenes totalitarios en los que el Director es amo y señor, una cocina es el dominio del Chef. Un día aparece Nick, quien la reemplazará por unas semanas, y la lucha de poder por la cocina comienza. Nick es relajado, pone música en la cocina y trata con confianza a sus empleados, mientras que Kate pretende obediencia absoluta y a todo comentario solo espera una respuesta: “Sí, chef”.
Pero la cocina profesional es en realidad una nueva adición al repertorio de cocina y cine, pues en un comienzo la protagonista era la cocinera casera. Aquí la lista de películas aumenta exponencialmente, pero mencionaremos algunas de las más importantes.
Italianamerican (Martin Scorsese, 1973) es un documental que fue encargado a Scorsese para formar parte de una serie que incluiría otras piezas sobre cada nacionalidad que representaba un grupó importante de inmigrantes a los Estados Unidos. Scorsese se encargó de la inmigración italiana, pero el producto de este encargo terminaría siendo una de las piezas más personales del director neoyorquino. Scorsese decidió contar la historia de los italianos a través de sus padres, siendo fiel a la lección del neorrealismo italiano, desde un personaje sin aparente importancia podemos proyectarnos al resto de los italianos inmigrantes. ¿Y qué mejor manera de contar la historia que con un buen plato de pasta? Es así como somos invitados a la casa de Charlie y Catherine para escuchar las historias de sus familias pero sobre todo para verla cocinando la salsa de pasta con albóndigas. Al final nos sentamos con ellos a la mesa y conversamos durante la sobremesa. En muchas de las películas de Scorsese (Mean Streets, Goodfellas, Casino) podemos ver a su madre cocinando esta salsa que el el año 1974 recibiría una ovación. Debido a que esta salsa es en cierta manera un personaje más del documental, fue incluida en los créditos del documental.


“En muchas de las películas de Scorsese (Mean Streets, Goodfellas, Casino) podemos ver a su madre cocinando esta salsa que el el año 1974 recibiría una ovación.”

Como agua para chocolate (Alfonso Arau, 1993) basada en la novela de Laura Esquivel, quien también escribió el guión. Esta es una historia de pasiones donde amor y cocina se fusionan en uno solo. El erotismo de los ingredientes y de los cuerpos terminan siendo uno y el mismo. Tita está enamorada de Pedro con una pasión absorbente, pasión esta que es correspondida. Ambos están obsesionados el uno con el otro, pero Mamá Elena decide que Tita se quede soltera para tener alguien que la cuide cuando ya esté mayor. Pedro pide casarse entonces con la otra hermana, Rosaura, para poder quedarse cerca de Tita y el día de la boda es Tita quien prepara el festín entre cuyos manjares se incluye una torta en la que por accidente caen unas lágrimas de Tita mientras lloraba amargamente por su Pedro durante la preparación del pastel. Al comerlo, todos los comensales se entristecen y comienzan a llorar. Es así como Tita descubre la capacidad que tiene y comienza a usarla creando caos y confusión que terminan sirviendo a sus propósitos.
Otro tipo de cocineros son aquellos que aparecen en televisión enseñando a cocinar. Una de las primeras y más famosas cocineras de televisión fue Julia Child, una mujer alta y fornida con una personalidad única y un tono de voz inolvidable, quien desde el año 1963 tuvo programas de cocina en la televisión norteamericana. La película Julie and Julia (Nora Ephron, 2009), protagonizada por Meryl Streep, cuenta la historia de cómo Julie decide cocinar cada uno de los platos en el libro de Julia y es así como se forja una relación entre ambas mujeres donde la cocina es la pega que une a dos mujeres muy distintas.

ALFRED HITCHCOCK Y LA COMIDA

La famosa silueta de Alfred Hitchcock que aparecía al comienzo de cada uno de  los shows, junto al hecho de que siempre aparecía por un breve instante en sus películas, hace que todos sepamos que Hitch era un glotón. Su barriga protuberante era parte de sí ya y además su obsesiva relación con la comida (y con los placeres de la mesa en general, como el vino o los cigarros) siempre intentaba incluir algún chiste relacionado con la comida en sus películas. En Torn Curtain Shirley McLane es perseguida durante dos horas por un científico alemán que insiste en invitarla a desayunar, a lo que ella siempre responde que spi para luego desaparecer. En Frenzy, el inspector Oxford está intentando atrapar al asesino de la corbata al mismo tiempo que su esposa hace un curso de cocina francesa. Cada vez que llega a casa se encuentra en la mesa con platos a los que un inglés no está acostumbrado como paticas de cochino en gelatina o sopa de ojos de pescado. Y aunque sea tan solo un aperitivo, en Psycho Norman Bates le sirve un sándwich de jamón que ella come con tanta discreción que él le comenta: “Comes como los pájaros”.

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